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¿Por qué nos duele tanto una ruptura amorosa?

7 meses ago · · 0 comments

¿Por qué nos duele tanto una ruptura amorosa?

(NOTA AL EDITOR: De ahora en adelante, marcaré algunas partes en azul lo que quiere decir que son mis sugerencias para colocar links en palabras o conceptos clave. Es a tu discreción)

La idea que da origen al artículo de esta semana había estado revoloteando en mi cabeza durante los últimos días pero siempre esquiva, siempre evitando aterrizar en algo sólido. Finalmente hace unos momentos cobró forma por medio de una frase: la nostalgia por el pasado.

Muchos de ustedes saben que soy un psicoterapeuta y autor enfocado primordialmente en la cuestión del amor romántico y –más específicamente-, en los procesos de superación de la ruptura amorosa. Mi experiencia profesional se centra en este campo y dentro de él son muy constantes los encuentros que tengo con los sentimientos nostálgicos.

Cuando una persona acude a sesiones de terapia para intentar superar su pérdida afectiva, lo hace esperanzada en una sola cosa: que la ayuden a dejar de sentir ese dolor que la abruma. Y esta se vuelve (al menos al principio), la tarea principal del terapeuta.

Sin embargo muchas veces aparece una paradoja con lo anterior. Si bien la persona va a terapia por una razón en particular (su pérdida amorosa), de repente ocurre que se percata de que no está ahí por ese motivo. Con el paso de las sesiones la persona puede descubrir que el dolor que siente no es tanto por la pérdida de su pareja como por la posibilidad de perder sus recuerdos. Llora, gime, padece y siente dolor por sus recuerdos. La sensación horrible que siente ahora proviene de su nostalgia.

La nostalgia por los recuerdos

La nostalgia es hermosa y devastadora al mismo tiempo, ahí reside su brutalidad.

El término nostalgia está formado por las palabras griegas nostos (retorno a casa) y algos (dolor). Por tanto su significado es “dolor por la vuelta a casa”. Su simbología se convierte en literalidad cuando invade el corazón y la mente de la persona: realmente se llora por el alegórico regreso a casa. Y esa vuelta figurada tiene que –forzosamente-, incluir el cúmulo de remembranzas bellas y agradables que se formaron en esos momentos.

Esto lo saben perfectamente los vendedores y las grandes compañías de publicidad que explotan el hecho nostálgico que despierta el usar un eslogan como “Con el aroma clásico de la abuela” o “Tan rico que parece hecho en casa”. Detonan nuestra nostalgia. Nos revientan emocionalmente porque inconscientemente sentimos dolor al recordar y como no queremos que eso ocurra compramos el producto.

Cuando termina una relación amorosa ocurre un proceso similar

Una de las preguntas que suelo hacer a mis pacientes al principio es: ¿qué es lo que extrañas de esa persona por la que sufres? Y casi siempre me dan la misma clase de respuestas: los momentos juntos, el principio de la relación, la familia que éramos, etc. Es decir, extrañan los recuerdos que se forjaron junto a esa persona. Muy rara vez me he encontrado con alguien que me diga: “¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Lo extraño a él/ella! A su sonrisa mágica, su aroma único, su mirada especial. Extraño a esa persona”.

Y lo anterior ocurre porque cuando se termina el vínculo con esa persona se termina la generación de recuerdos. Esta historia no poseerá más capítulos que vayan conformando nexos nuevos que nos mantengan en un estado placentero e incluso feliz. Como esto aterra, la persona –que se niega a aceptar lo que ocurre-, se apega a la idea de lo que tuvo antes como una especie de salvavidas emocional, algo que la rescate del dolor por enfrentar el ahora de su situación. Se aferra a los recuerdos.

Esto es absolutamente normal y necesario, no creas que estoy diciendo que el efecto nostálgico no es algo positivo (durante muchos años se creyó lo contrario, que era una emoción negativa); y lo es porque gracias a él podemos sobrevivir emocionalmente, mantener el equilibrio interno, recordar y aprender. Por eso la nostalgia es un elemento exclusivamente humano.

Por ejemplo hay un psicólogo social inglés, Timothy Wildschut, que se ha enfocado en la sensación de nostalgia como un medio para controlar el deseo desmedido y el sufrimiento por la falta de dinero,  dice que la nostalgia sirve en muchas ocasiones para aliviar el estrés, mejorar la autoestima y desarrollar un amor propio sano. Es decir, la nostalgia nos ayuda a crear felicidad y optimismo y esto lo logra gracias a que puede llegar a crear falsos recuerdos placenteros.

Es como si a través de ella pudiéramos editar –por decirlo de alguna forma-, nuestros recuerdos para que estos sean más bellos de lo que en realidad fueron en su momento. Esto ayuda mucho a emocionarnos y encontrar sentido en la vida.

Pero, ¿qué pasa cuando la nostalgia por lo perdido, en efecto, se vuelve algo que nos puede mantener en sufrimiento permanente? ¿Qué es lo que ocurre cuando esta sensación nos acerca peligrosamente a la depresión?

La filosofía y la nostalgia

Si bien la nostalgia es un término usado comúnmente en la psicología, es necesario saber que su origen está en la medicina (al igual que el de la psicología). Como tal, fue acuñado por Johannes Hofer en 1668 en la Universidad de Basilea para intentar resumir los extraños síntomas que presentaban los soldados que peleaban lejos de casa y que les ocasionaba un sufrimiento permanente (lo que actualmente se conoce como Trastorno de Estrés Postraumático).

En este tenor, la concepción de nostalgia era clara: un padecimiento con síntomas específicos.

Pero como –y pese a todos los maravillosos intentos-, no se alcanzaba aún a explicar por qué la nostalgia nos golpea tanto tras una ruptura amorosa en nuestra propia identidad, hubo que pasar mucho tiempo para que hubiera una propuesta que intentara explicar ello.

En 2005, el profesor de la Universidad Murdoch en Australia, Glenn Albrecht, propuso un nuevo término denominado solastalgia, que en términos generales es aquella sensación que aparece por algo que hay u ocurre en el presente de las personas y que expresa –pero de manera retorcida y por tanto dolorosa- sus recuerdos.

Por ejemplo, si una persona recuerda nostálgicamente las cosas bellas de su relación terminada puede sentirse mal al no tenerlas ya pero usar ese recuerdo como una manera de honrar su propia vida y su pasado para seguir adelante dignamente. Sin embargo, en el caso de la solastalgia el mecanismo sería algo así como lo que la persona tiene en este momento en su vida no solamente no es apreciado, sino que es visto como una mala copia de lo que tuvo antes.

Esto ocurre con frecuencia en el caso de las personas que empiezan relaciones inmediatas después de sus rupturas. De repente se encuentran comparando su actual relación con la anterior y como la de ahora es una copia retorcida, lo más probable es que esa conciencia los mande directamente al abismo de la nostalgia perversa o solastalgia como dice Albercht.

Hace no mucho tiempo un paciente que sufría indeciblemente por su ex pareja me dio una muestra de esta solastalgia cuando en una de las sesiones le pregunté si no se encontraba cómodo en el sofá del consultorio, ya que lo notaba inquieto. Entonces él respondió: “No, no es eso. El sofá es muy cómodo solamente que me recuerda el viejo sillón en el que ella y yo nos sentábamos a ver televisión”. Una visión retorcida del ahora es igual al sufrimiento por el anhelado retorno a casa: el pasado.

Es casi de conocimiento popular que gran parte de las depresiones –no todas, desde luego-, se refieren a un desenfoque en el presente y a una desmesurada atención en el pasado. Esto es particularmente cierto en las cuestiones de duelo amoroso. Tal vez cuando empieces a aceptar que este simbólico regreso a casa es un viaje de ida y vuelta y no un destino permanente, es que puedas convertir la nostalgia en un motor para el presente y el futuro. Hasta la próxima.

¿Por qué no puedo dejar a mi ex?

7 meses ago · · 0 comments

¿Por qué no puedo dejar a mi ex?

Mucho de lo que se ha escrito e investigado en torno a la experiencia del duelo amoroso, es decir, a la experiencia posterior a una ruptura de pareja, tiene que ver específicamente con la forma en que podemos superar el no tener más a esa persona en nuestra vida. Probablemente esta sea la parte más terrible de todas las que se enfrentan cuando una relación llega a su fin.

También es posible que el sufrimiento se alargue por un hecho sencillo pero demoledor: la incapacidad de dejar ir al ex. Todos hemos conocido a personas que parecen estar sumergidas en una espiral de conductas que les llevan a tratar de regresar una y otra vez con su antigua pareja, pese a que claramente en muchas ocasiones esto no es lo más benéfico para ellas.

La pregunta que aparece entonces es ¿por qué se da esta, casi pareciera, necedad por aferrarse a una persona que ya no está con uno? ¿Acaso el amor es tan grande que impide tomar una decisión personal sana? O ¿hay algo más en juego?

Particularmente si eres un romántico a ultranza, quizás este artículo te deje un mal sabor de boca, puede ser que hasta te enojes y no compartas mi opinión acerca de las causas por las que alguien no deja ir a su ex pareja, pero te aseguro que si reflexionas un poco más a profundidad es posible que puedas hallar algo de lógica en estas líneas.

Las tres razones

Para comenzar te diré que soy un pleno convencido que una persona que no deja ir a su ex está muy lejos de hacerlo por amor. Creo que hay causas mucho más escondidas que se ponen en juego en esta conducta. A lo largo del trabajo con gente que está superando su pérdida romántica y apenas comienza a vivir su duelo amoroso, he podido percibir que de todas las razones que impiden que superen su relación terminada, hay tres de ellas que se repiten de forma constante. Estas razones son:

  1. Ego: Seamos honestos y aceptemos que a nadie le gusta perder. Particularmente en cuestiones de amor romántico esta idea –la de que esta vez hemos perdido-, es un dardo disparado al corazón de la persona. La búsqueda del ex por ego herido tiene que ver con el sentido de pertenencia que otorgamos a la pareja.

Desde que somos pequeños solemos mantener una visión con respecto a personas consideradas importantes que gira en torno a la creencia de posesión: “mi mamá”, “mi maestra”, “mi novia/o”.  Esta idea de posesión es natural y adecuada para crear un sentido de aceptación social para el niño, sin embargo cuando transcurre el tiempo y el pequeño crece sin ser corregido en el entendido de que los demás no son suyos sino que son entes individuales y por tanto, independientes con respecto a él en sus tomas de decisiones, conductas y sentimientos, no hay una separación entre su propio yo y el ajeno.

Por otro lado, es importante aclarar que esta vez estoy hablándote del ego desde un punto de vista coloquial y no psicológico. Lo que quiere decir que hago referencia a él como un exceso en la autoestima. La idea subyacente para no dejar ir al ex por ego es que estamos convencidos de ser tan perfectos que no hay manera alguna de que esa persona deje de estar con nosotros. Esto tiene que ver directamente con la definición de ególatra, que es aquél que siente un excesivo amor por sí mismo.

  • Miedo a la soledad: La segunda causa que he visto en estos casos es la de sentir un temor incontrolable ante la perspectiva de quedarse en soledad. Cuando esto ocurre, la persona que siente ese miedo busca la manera de regresar a lo conocido, es decir, mantener la zona de comodidad que le prodigaba estar con su ex pareja para sentirse segura.

La trampa aquí es que casi nunca ocurre que esa “zona cómoda” sea algo positivo para la persona, aunque esta asegure que así es. Por ponerte un ejemplo, aquella persona que no deja ir a su ex porque él o ella le solucionan la vida de manera económica o en cuidados y se aferra a ello, pese a que esa persona pudiera llegar a ser nociva (violenta, infiel, celosa, etc.).

El miedo a la soledad tras una separación proviene de nuestro ser neurótico. La mayoría de las personas confunden neurosis con enojo (“¡Ay, no seas neurótico!”, nos dicen), pero esto es equivocado. Neurosis –de acuerdo a Karen Horney-, es básicamente la sensación de estar solos e indefensos ante un mundo hostil. En ese sentido todos hemos sentido alguna vez ese miedo, pero en el caso de la persona que no deja ir a su ex este temor es aún mayor.

  • Apego confundido con amor: El asunto con el apego es muy interesante. En su libro No se obsesione con el amor, los psicoterapeutas Susan Forward y Craig Buck, mencionan una frase de uno de sus pacientes que –palabras más, palabras menos-, todos los profesionales de la salud mental y emocional hemos escuchado alguna vez: “¡Qué quiere decir con que no es el amor lo que me mueve! Si no es amor, ¿qué demonios es?”.

El apego nos sirve para sobrevivir cuando somos niños. Cuando somos adultos es fuente de muchos sufrimientos. La diferencia estriba en que cuando estamos en infancia necesitamos apegarnos a alguien que nos brinde protección porque somos absolutamente vulnerables. Sin embargo, las personas que crecen y llegan a la adultez creyendo que aún necesitan apegarse a alguien para poder vivir mejor su vida, se siguen viendo a sí mismos como niños pequeños e indefensos y olvidan que ahora son adultos que pueden –perfectamente-, hacerse cargo de ellos en las situaciones tanto fáciles como complicadas de su vida.

Esto genera una desconfianza en sus capacidades y la manera de solucionar (por el camino corto) ese dilema es apegándose a su pareja o ex pareja a quien consideran –de forma inconsciente-, su base de apego seguro. Aquí entra el mecanismo en donde ellos suelen decir que aún aman a esa persona, cuando en realidad lo que quieren expresar es que aún la necesitan. Eso es lo que llamo confundir apego con amor. Porque, para empezar, si una pareja realmente se ama, ¿cabe la posibilidad de separación?

Ahora y por último, cuando escribí líneas arriba que era un convencido de que las personas que no dejan ir a su ex creyendo que es por amor se equivocan, es porque creo que para darte auténticamente cuenta de que amas todavía a un ex, debes de tomar un tiempo lejos de él para que tus sentimientos tengan una perspectiva clara, cosa que no puede ocurrir si estás pendiente de él o ella todo el tiempo. Si después de un tiempo sin saber ni ver a tu ex (y estoy hablando de no menos de un año), aún sientes que es amor, probablemente lo sea.

Desde luego que a todos nos duelen las rupturas, sin embargo es necesario y sano admitir que estas forman parte natural de la vida en pareja. Desde que empezamos una relación con alguien debemos ser conscientes de que eventualmente puede terminar. No quiero decir con esto, desde luego, que entremos a las relaciones con la idea de que terminarán, sino que las disfrutemos al máximo en su brutal y bella experiencia, pero que aceptemos que de acuerdo a la lógica de la vida nada es para siempre y que si nos llega a ocurrir, honremos su vivencia pero sigamos adelante dignamente con nuestra vida. Hasta la próxima.

Cómo organizarnos ante situaciones de emergencia

2 años ago · · 0 comments

Cómo organizarnos ante situaciones de emergencia

Cómo organizarnos ante situaciones de emergencia

En los sismos ocurridos en septiembre del 2017 en nuestro país, no sólo se movió la tierra ni los estragos se quedaron en el colapso de hogares y centros de trabajo. Al interior de nuestros cuerpos también sucedió un terremoto que agrietó nuestras certezas; se abrieron memorias de vida que derrumbaron el poder de la inercia y pusimos en entredicho las ideas cojas que teníamos de nuestra sociedad. Durante días enteros la tierra se tragó la tranquilidad poniéndonos de frente con un miedo crudo y primitivo de Occidente: la muerte que se da de forma inesperada.

Cada noticia recibida sobre el evento iba acompañada de una posibilidad distinta de responder con el cuerpo, pues ante una amenaza que pone en peligro la sobrevivencia, uno desarrolla códigos para ponerse a salvo: respuestas de lucha o huida ligadas a respuestas emocionales que, como veremos a continuación, pudieron acarrear también malestares físicos:

El enojo, en un principio nos ayudó a reaccionar ante la amenaza y a luchar por la vida. Sin embargo, con el paso de los días se hizo voz en los reclamos e inconformidad de la gente por la ausencia de liderazgo, en indignación por la corrupción inmobiliaria y el oportunismo de la clase política, en resentimiento por lo injusta y aleatoria que es la vida. Con esta emoción exacerbada vinieron los trastornos digestivos, los problemas de sueño e irritabilidad que dificultaban todavía más el regreso a las actividades cotidianas.

El miedo se respiró intensamente volviéndose dificultad para dormir, enuresis, apegos, terrores nocturnos, atención focalizada a posibles amenazas en caso de réplica o derrumbe de espacios cercanos y, en la falta de protocolos de seguridad que tuvieran sentido no sólo en el papel, remachando la percepción de vulnerabilidad.

Al moverse la tierra también se movió la estabilidad y la comodidad en la que nos encontrábamos para dar paso a la ansiedad, a la frustración por todo lo que faltaba por hacer, al enjambre de pensamientos obsesivos o irracionales alimentados en parte por la amplia cobertura que se tuvo en medios y redes que no dieron tregua para reacomodar lo sucedido. Asociado a esto algunos experimentaron tensión constante, mareos, náuseas, dolores de cabeza, problemas estomacales y digestivos.

El dolor que hermana, el peso en el pecho por la pérdida de vidas y de nuestros paisajes cotidianos, las ganas de llorar por el patrimonio de toda una vida esfumado en un abrir y cerrar de ojos, implicaron un desafío para soltar y adaptarse a la nueva realidad. Esto trajo consigo síntomas comunes de la tristeza prolongada: sensación de ahogo, estreñimiento y propensión a los resfriados.

Sobre la marcha, la sociedad civil tuvimos que ir acomodando nuestros miedos e incertidumbres para hacernos útiles para el otro: en la limpieza de escombro, en la recaudación de víveres o en diversas brigadas multipropósito. Manos, mentes y corazones sobraron, ya fueran nacionales o extranjeras todas estaban dirigidas a atender las nuevas necesidades que iban surgiendo minuto a minuto.

Yo, como muchos, me uní a una brigada de atención psicológica al tiempo que atendí las convocatorias de capacitación que organizaron diversas instituciones como el CENAPRED, el ILEF y el Colectivo de Prácticas Narrativas para canalizar la urgencia que sentíamos los profesionales por sumar algo desde nuestros conocimientos. El Colectivo tuvo el gran acierto de traer a América Bracho, directora de la organización sin fines de lucro “Latino Health Access” en California (la cual se encarga de entrenar a promotores comunitarios para resolver problemas locales), con el fin de sembrarnos la importancia del trabajo comunitario en un contexto como el sismo, donde las soluciones no debían verse solamente en lo inmediato o en lo técnico.

Les comparto las ideas que más me hicieron sentido y que espero animen a generar conversación 5 meses después, ahora que el sismo no ocupa la primera plana, las tortas ya no abarrotan los albergues y las necesidades siguen estando presentes.

La unidad no sucede si no existe algo que haga que suceda

La ciudad está pensada para no mirarnos, no conversar y no encontrarnos, tuvimos que redescubrirnos de entre los escombros tanto viejos como millenials y demás representantes de la estratificación social, para comprender que tanto el otro como uno mismo formamos parte de la solución de cualquier problema.

Tomar postura con respecto al problema

Es necesario preguntarse con honestidad qué es lo que uno está dispuesto a hacer, ser consciente de qué eslabón de la cadena representa y cuál será su nivel de impacto. Si yo contribuyo en una brigada de atención psicológica, no esperar que con eso el problema estará resuelto.

Plan más allá de lo inmediato

La urgencia nos hizo actuar para responder con soluciones técnicas, que si bien son importantes, también nos pueden desgastar prematuramente con respecto a las secuelas económicas, sociales y psicológicas que se van haciendo visibles al cabo de unos meses y que requieren una atención distinta, planear no desde la urgencia.

¿Quién no tiene absolutamente nada por ofrecer?

El poder no se tiene, se ejerce. Tenemos que aprender a construir nuestro poder acompañados y acompañando a otros, para eso, habremos de reeducarnos lejos de la retórica autocomplaciente que dicta que uno no tiene nada por ofrecer sino mucho que recibir, organizarnos a partir de nuestras fortalezas, de lo que sí disponemos y está a la mano,  y no desde el paradigma de las necesidades o de lo que nos sigue haciendo falta para hacer las cosas. No olvidemos que poder significa que uno puede, y el trabajo colectivo fue una muestra de eso.

Si algo tiene América por ofrecer es su amplia trayectoria llenándose de comunidad, por lo que nos comparte tips necesarios para robustecer este tipo de trabajo que, aunque no son recetas infalibles, son puentes para mirar las soluciones de manera distinta y estar mejor preparados ante las situaciones de emergencia:

 

  • Comprender que el dolor y la urgencia no son comunes para todos. No decir frases como: “entiendo lo que estás sintiendo” si a uno no se le cayó la casa ni se le murió algún familiar en el sismo
  • Deconstruir el discurso dominante que privilegia la mirada experta en detrimento del que vive directamente la situación. ¿Qué tienen por decir y por proponer aquellos a los que vemos como víctimas?
  • Las víctimas o damnificados requieren espacios para caminar sus propios miedos y tienen el derecho de decidir qué es lo que tienen que hacer con su situación actual
  • Generar conversaciones intencionales con nuestra comunidad: salir de los esquemas lógicos sacados de libros para ser reeducados por y para la comunidad
  • Conectarnos emocionalmente con el otro y crear espacios de confianza. Cuando se conoce más al otro, es más probable que se le dé un lugar en el corazón
  • Sumar sin protagonizar
  • Escucharnos, compartir y construir redes. Necesariamente

 

Finalmente, me queda claro que además de la urgencia por definir un plan de reconstrucción de las zonas afectadas, también se evidenció una emergencia de lo corporal y la necesidad por fortalecer las redes: por hacer comunidad. El reto que ahora nos toca, es que aquello que ocurrió sirva como caja de resonancia para mostrarnos un camino donde sí es posible la organización, que sí es posible brindar apoyo solidario tangible y simbólico ante el desconocido, y que no hace falta que suceda una tragedia para revisar nuestras prioridades vitales.

¿Sigues teniendo efectos a causa del sismo o conoces de alguien que presente síntomas físicos como inquietud o depresión prolongada, desesperación o dificultades continuadas en su día a día? Quizás sea momento de plantear seriamente el platicarlo con un profesional.

 Ilustración tomada de Internet

 

Para saber más:

Libro digital: “El terremoto en el cuerpo”. Sergio López Ramos y colaboradores. Instituto de Investigaciones Jagüey.

TED Talks: What happens when patients become leaders on the health team? de América Bracho

 

Silvia Reyes

Maestría en Terapia Familiar

 

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